Por Iliana Fuentes Lugo / iliana.fuentes@elnuevodia.com

Lisbeth Ríos estudió hasta el octavo grado, es madre de tres hijos, está separada de su esposo y participa del Programa de Asistencia Nutricional (PAN). Aspira a tener su propio negocio, uno que le permita salir de la dependencia gubernamental y mantener a su familia.

Ríos, quien se dedica a la venta de los sorullitos que confecciona en su casa, tiene que dividir el tiempo entre atender a sus hijos de 9, 13 y 19 años y mantener su microempresa. Para lograrlo, prepara las órdenes mientras los niños están en la escuela, les da de comer cuando regresan en la tarde y después va a entregar los pedidos que recibe durante el día. En la noche, ayuda a sus hijos con las asignaciones y se prepara para el próximo día. Su casa en Aguada está a medio construir, pero ella ya planifica establecer en los bajos su propia fábrica, a la que llamará Elaboraciones Capaz. El nombre surge, según cuenta, de un pasaje bíblico que habla de la mujer capaz. “Describe a la empresa por lo que yo soy: una mujer capaz”.

Como ella, Carmen Soto también busca establecer su propio negocio, un colmado cafetería en el residencial Sol y Mar de Mayagüez, donde reside. Soto recibe varias ayudas económicas, pero nunca ha querido depender completamente de ellas. Por 9 años, fue paramédico, pero se lesionó, lo que le impidió seguir trabajando. Para mantenerse ocupada, tomó varios cursos, como floristería y hostelería, hasta que decidió establecer su microempresa.

Así como Ríos y Soto, las jefas de familia comandan el 61% de las familias pobres en Puerto Rico. Por eso no es de extrañar que sean ellas el 67% de las participantes de los programas de asistencia económica, según un estudio realizado por el Centro para Puerto Rico en el que se encuestó a 900 mujeres de toda la Isla.

En promedio, en el 2008, los beneficiarios recibieron $113 mensuales entre ayudas del PAN y del programa federal Asistencia Temporal a Familias Necesitadas (TANF, en inglés), según datos publicados en el libro “Sobrevivencia, pobreza y mantengo, la política asistencialista estadounidense en Puerto Rico: el PAN y el TANF”, de la socióloga Linda Colón. Esta cantidad se suma a la de otras ayudas que en algunos casos podrían superar el salario mínimo mensual.

Por eso, si las beneficiarias de estas subvenciones quisieran vivir solo de su negocio, necesitarían sobrepasar los $7.25 por hora que establece la ley, según Ernesto Villarini, director ejecutivo del Centro para Puerto Rico de la Fundación Sila M. Calderón, que organiza un programa de formación empresarial para la mujer.

“Ellas tienen que dominar y tener la suficiente competencia como para que su negocio les permita dar un brinco bien grande para superar lo que les dan del PAN”, afirmó Villarini. “Para las participantes, el reto es bien grande. Es ‘¿Cómo yo genero suficiente como para poner las ayudas a un lado y realmente valerme de mi propio esfuerzo?’ ”.

“Poner eso a un lado y valerse por sí mismo toma mucha valentía”, aseguró Villarini, al tiempo que destacó que, como la mayoría de los emprendedores, ellas enfrentan el reto de aprender a manejar un negocio, pero con la dificultad añadida de su situación personal.

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